Estudiar en Odisha

Ya he escrito dos veces sobre mi experiencia estudiando en India, y algunos detalles sobre la propia Odisha. Yo tengo una relación de 90% amor y 10% odio con esta región, y la siento más mi casa que la ciudad en la que me crié.

Ya he dicho alguna vez que no creo que haya que estudiar Odissi necesariamente aquí siempre, pero sí alguna vez. Obviamente no es que el contenido de las clases sea especial, porque dentro de nuestros linajes todos seguimos una metodología parecida en cualquier país, sí lo es tener compañeros de clase que han crecido en esta cultura, profesores que conocen la evolución de la danza y los matices entre escuelas, etc., y, sobre todo, entender que el Odissi es odia, es de aquí, y de hecho es muy de aquí.

Konark

Estudiar en Bhubaneswar me permite pasar los ratos libres paseando por old town, y visito los mismos y nuevos templos y cada año descubro algún rincón nuevo, algún relieve. Me gusta mucho ver a la gente hacer las compras para las pujas. Me encantan los pandals a medio terminar, los esqueletos de paja y barro de las murtis, descubrir puestos de chai por el olor, observar la vida normal de pescar y lavarse en Bindu Sagar. Y todo eso incluye esquivar caca de vaca a montones, y motos y pitidos, a veces incomodarme por la gente que me observa, intentar pasear tranquila y tropezarme con basura y a veces incluso alguna rata muerta. También es cierta la terrible situación de los animales callejeros, especialmente los perros, es de lo peor de la ciudad. Espero que mejore pronto.

Estudiar en Bhubaneswar me permite ir a un montón de actuaciones, y además de disfrutarlas en sí mismas aprendo mucho sobre estilos, sobre formas de coreografiar, formas distintas de contar la misma historia, o formas muy parecidas de contar historias diferentes. Aquí los festivales son gratuitos, y los de invierno, además, preciosos. Estudiar en Bhubaneswar me permite ir a docenas de tiendas a tocar (y a veces comprar) cosas preciosas. Me encanta la artesanía odia, las pinturas, sus colores, los detalles, los tejidos de mil tactos diferentes, los de colores fosforitos, los de tintes naturales, me encanta la joyería tribal y sus diseños, y la filigrana de plata y sus detalles, me encantan las figuras de barro, de plata, de madera, las deidades, los animales… El nuevo museo de artesanía es una preciosidad. El otro día fui a visitarlo con Prasanta, mi profesor, y estaba un poco extrañado porque la mitad de los objetos expuestos también se pueden encontrar en su pueblo, y me parece maravilloso que el mundo preindustrial/no capitalista siga vivo. También es cierto que ir de tiendas es muy entretenido hasta que realmente necesitas algo, y entonces todo está lejos, o cerrado, o te atienden taaaaan lento. Pero lo seguiré haciendo y algún día tendré mi propio pequeño museo en casa de cosas creadas con tiempo y cuidado.

Bhubaneswar old town temple

Estudiar en Bhubaneswar me permite ir los fines de semana a Puri, que aunque es una de las ciudades más sucias que conozco tiene pequeños detalles joya, muchas casas tienen pinturas en sus muros exteriores, relieves de piedra antiquísimos, olor a dulces de leche y azúcar, libélulas y cientos de cangrejos en la playa, la fuerza de las olas, y saber que allí está Jagannath. El gobierno ha aprobado un plan para modernizar la ciudad, veremos cómo cambia. Bhubaneswar ya tiene mejores aceras, más papeleras y más farolas, mejores autobuses, paradas de autobús… Va a ser difícil modernizar old town y Puri sin que pierdan su personalidad, me alegra haber conocido Odisha cuando significaba viajar en el tiempo.

Es verdad que Odisha es una región conservadora, pero también muy orgullosa de su cultura, sus tradiciones y su identidad. No me gusta cuando la defensa de la propia identidad lleva al punto chovinista de despreciar al otro, sea en el lugar del mundo que sea, pero sí comparto que defiendan con pasión e inversión económica sus artes tradicionales, su lengua y su historia. A veces hay gente que protesta de las “normas” del Odissi. ¿Por qué hay que ir tan tapadas? Yo no me siento tapada, me siento protegida porque mi danza no se trata de mí, porque la atención del público irá hacia mi expresión y mis manos, y sé que voy vestida de sarees tradicionales, y pienso en los diseños, en los telares, en tantos siglos tejiendo peces y caracolas en los bordes, tantos millones de mujeres poniéndose el saree como yo. Bueno, quizá un poco mejor que yo. ¿Hay que poner siempre a Jagannath en el escenario? Yo no siento que tenga que llevarlo, siento que me acompaña mi protector, el escenario es un espacio de vulnerabilidad, qué mejor que tenerlo conmigo, y la belleza y los sentimientos que pueda llevar a escena se los ofrezco, y si no está conmigo está conmigo también. También está en tantas casas, tantos rickshaws, tantas tiendas, autobuses… Toda Odisha es la casa de Jagannatha, los odias son ya un poco mis hermanos y hermanas, por más que tantas veces diga “ufff, odia people are so difficult!” ¿No puedo hacer mis propias coreografías? Sí, cuando sepas suficiente. A veces me gustaría volver a la casilla de salida, y volver a descubrirlo todo y tener todo el derecho a liarla parda. Hay que intentar disfrutar de todas las fases, y supongo que cuando tenga algo que contar y tenga claro cómo contarlo, me sentaré con Alok a encajar movimiento y sonido. ¿No podemos improvisar? Nuestra música y nuestra danza tiene otra energía y otro significado, es una ofrenda de muchos años de trabajo codificado, de comunidad más que de individualidad, de un lenguaje común, y es maravilloso no tener que improvisar ni que pensar, llega un día en que tu práctica, riyaaz se diría en el norte, te lleva a un punto de meditación en el que el cuerpo sigue solo a la música, tu mente sólo canta boles mentalmente y todo se va enlazando solo. También hay algo muy bonito y humilde en prestar tu cuerpo y tu práctica a otro artista, el coreógrafo es el artesano y tú la arcilla, yo me presto muy humildemente a seguir practicando los pallavis de guruji hasta que se me relaje el cuello, mis hombros estén en su sitio y se me escape una sonrisa.

Hoy y mañana son días de tormentas, y observo cómo se mecen las palmeras y los árboles de hojas gigantes, cómo se escurre el agua por las hojas, así me quiero mover yo, y si no hubiera venido a estudiar a Odisha no sabría qué quiero ser, y seguiría perdida. Todos percibimos las cosas de distinta manera, y habrá quien se lleve el recuerdo de Odisha de tener que andar tocándole los pies a todos los profesores o la basura por la calle. Yo eso lo recuerdo, pero me acerco a un punto de paz en el que me enfado menos y siento este sitio más mío, sobre todo por la buena gente que tengo la suerte de tener conmigo, pero también por la suma de las mil pequeñas maravillas. Y aunque sólo fuera por los templos de piedra y los atardeceres sobre los arrozales, seguiría viniendo. Espero conocer mucho más esta tierra en los próximos años, y las montañas, las cascadas, más playas, los templos de devi…

Jai Jagannatha.