Fusiones II

Voy a desarrollar un tema por el que me preguntan mucho, no hablo de ello en clase pero sí respondo con sinceridad cuando me preguntan. Sé que tengo una cierta reputación de purista y de cerrada de mente, y me gustaría explicarme mejor: ¿me parece que las fusiones con artes clásicas están mal? Pues es un tema complejo, desarrollo mi opinión, que obviamente se basa en mi experiencia personal y mi formación.

  1. El debate entre arte clásico y arte popular es antiguo como el propio arte clásico, hay miles de publicaciones al respecto así que tengo poco que añadir, cumplen funciones distintas, ambos son útiles. Otra cosa es cuando el arte popular es el único que se financia y promueve por falta de cultura del público (igual que sacar la asignatura de filosofía del Bachillerato) y por manipulación publicitaria → capitalismo extremo.

  2. El diálogo intercultural: este tema es el más complejo. En Europa el debate sobre la apropiación cultural y sobre el feminismo blanco es mucho menor que en EEUU, pero plantea muy buenas cuestiones. No se trata de defender una impermeabilidad cultural, que si no pertenecemos a una etnia concreta no podemos utilizar/crear sus productos culturales. Decir que los occidentales no podemos acceder a nada de otras culturas, o que podemos acceder a todo y utilizarlo como queramos son dos posturas demagógicas e incorrectas. Hay que hacer las cosas con respeto, y el respeto se demuestra primero aprendiendo, y segundo devolviendo algo a la cultura de la que lo tomamos, porque, queramos o no, el mundo es como es porque fue lo que fue, y somos herederas del pasado colonial. En EEUU se ha acuñado el término apreciación cultural para ajustarse a los casos en los que una persona estudia y utiliza elementos de una cultura en la que no se ha criado. A veces la apropiación cultural ofensiva se hace por ignorancia, la solución es fácil: sé humilde e infórmate. A veces se hace por un interés comercial, por vender algo diferente y exótico. Un ejemplo muy obvio es el del yoga: el yoga tradicional frente a la mercantilización del yoga venido de EEUU, que necesita que te certifiques, te compres ropa a montones, acumules cursos de cosas con nombres diferentes y un montón de tonterías con dibujos de chakras, en lugar del yoga cotidiano de los señores y señoras indios en el parque de su barrio. Obviamente no es que porque soy occidental no puedo enseñar yoga/danza/cualquier cosa, es que tengo que estudiar y luego ser sincero y llamar a las cosas por su nombre. Tampoco se debe hacer gueto y aislar comunidades o aislarnos nosotras, que a veces pasa con los/las extranjeros/as en India, porque no tiene sentido “apreciar” algo y no vivirlo, con su lado bueno y su lado malo, que India también tiene mucho de malo y no es en absoluto como ciertos productos pseudo-místicos (libros, música, charlas, etc.) nos han contado.

    ¿Mi fusión/creación es un auténtico diálogo con una cultura y unos artistas con los que tengo trato? ¿o es un diálogo conmigo mismo/a y con mi público y lo adapto a lo que puedo mostrar/vender aquí?

    Tengo que poner especial cuidado con los “toques” en los que los pasos no están bien hechos o bien integrados, porque, como decimos muy a menudo, es como colar en una canción palabras en otro idioma cuyo significado no se corresponde y no están bien pronunciadas, pues acaba siendo ridículo. Todos nos reímos mucho cuando en las películas americanas mezclan los pasos de Semana Santa con los sanfermines, o se mezclan elementos mejicanos y españoles, ponen a alguien un traje de flamenca pero no sabe bailar, etc., pues juju jaja que nosotros hacemos lo mismo.

  3. La solidaridad y el feminismo interseccional: en general, las culturas no occidentales se corresponden con países con una renta per capita mucho menor, lo cual no sólo se explica por el pasado colonial pero sí también por el pasado colonial (no estoy al 100% de acuerdo con Edward Said pero su obra Orientalismo debería leerse en todos los institutos). Yo soy una mujer occidental y privilegiada ¿quiere decir que tengo que renunciar a mis privilegios y vivir en una situación peor? Quiere decir que tengo que primero reconocer mis privilegios, y segundo ser aliada de los demás y colaborar en que tengamos un mundo más justo. Y sí, en ocasiones también rechazar los privilegios que son injustos. ¿Por qué conocemos más las obras de fusión que las obras originarias de otras culturas? Pues porque además de ser más accesibles por nuestro origen, los artistas occidentales tenemos una situación económica mejor que nos permite viajar y promocionarnos mientras casi todos los artistas originarios de esas culturas están luchando por sobrevivir ¿significa que yo no puedo trabajar? No lo creo, significa que tengo que apoyar a la cultura de la que viene y a sus habitantes, y si tengo capacidad de usar mis privilegios de forma más justa pues tengo que hacerlo, y si significa crear empleo allí, organizar talleres/actuaciones/lo que sea para otros artistas pues hay que hacerlo porque es justo, y si tengo que rechazar trabajos que sé que me están ofreciendo de forma injusta, pues lo hago, y si tengo capacidad para publicitar a otras artistas pues se hace. Otra cuestión es la del feminismo, en nuestro entorno relacionado con la cultura india se habla mucho de shakti, de energía femenina, de diosas, de empoderarse, de sororidad, de ser hermanas… Pues me gustaría recordar que las mujeres indias también son hermanas, y esto es lo que se llama feminismo interseccional. Tengo compañeras y compañeros de clase senior y profesores/as que hacen coreografías modernas utilizando su base de Odissi maravillosas, lo que ellos llaman semiclassical, pero como son oriyas y pobres nadie conoce su trabajo. ¿Y tienen más derecho que yo a hacer modernizaciones y fusiones porque son oriyas? Tienen todo el derecho porque han dedicado su vida a ello y lo hacen mejor, y no es caridad, es justicia, y en la medida de lo que cada una pueda deberíamos apoyar a esos artistas y aprender de ellos. Y si tengo que hacer sacrificios y en vez de irme de vacaciones a la playa me tengo que ir a India, pues hay que irse. Las mujeres indias han luchado y luchan por sobrevivir, y ciertos términos y filosofías deben tratarse con un respeto extremo y la intención adecuada. Las maharis y devadasis han sufrido muchísimo al menos los últimos trescientos años, rodear su vida de difamación como se ha hecho en India y de un exotismo místico falso como se ha hecho en Occidente es igualmente incorrecto. No podemos apropiarnos de nada, de las maharis del templo se abusó de muchas maneras, utilizar su nombre para vender nuestros productos es vergonzoso. No puedo empoderarme apropiándome de la cultura, la devoción y el sufrimiento de otras mujeres.

  4. La devoción. Con la crisis del cristianismo en Europa y la apertura hacia Oriente mucha gente se inclina hacia filosofías orientales para comprender mejor la vida y el Universo. Eso no es un problema, es maravilloso. El problema es el de siempre, no estudiar suficiente, creer que el camino espiritual se recorre comprando talleres, leer pseudo-filosofía oriental escrita en occidente en lugar de leer textos originales, etc. Siempre decimos que las danzas clásicas indias son de origen devocional, no quiere decir que todos los intérpretes sean creyentes, pero sí que hay que comprender qué elementos son religiosos y qué trato merece eso. Yo personalmente defiendo respetar los sentimientos religiosos (siempre que sean compatibles con el respeto a los derechos humanos, por un lado está la fe y por otro acciones terribles justificadas con excusas religiosas), pero también creo en el derecho al debate respetuoso.

    Si yo no soy una persona religiosa ¿puedo aprender una danza devocional? Sí, claro, la espiritualidad es íntima.

    Si yo no soy una persona religiosa ¿puedo modificar los ritos religiosos para mi performance? Pues sí, claro que se puede ser iconoclasta y tener derecho a ofender, pero también hay que asumir las consecuencias de ofender y hay que reconocer abiertamente que se asume que va a ofender.

    ¿Y si yo soy una persona que me considero espiritual pero no quiero realizar los ritos tradicionales y quiero modificarlos y adaptarlos a mí? Pues un poco parecido al caso anterior, asumo el riesgo a ofender y tengo que avisar al público de que lo que hago no es tradicional ni auténtico, es la versión de lo que yo he querido hacer a mi manera.

  5. El arte es una profesión, y como tal hay que exigir unos estudios y una calidad mínima. Y no me refiero a estudios formales y coleccionar certificados, los artistas que aprenden en casa o en su comunidad merecen todo el respeto y apreciación. Cuando trabajamos con artes que proceden de otra cultura nos movemos en el desconocimiento, y eso siempre es malo. Cuando bailo en España, igual que cuando investigaba en la universidad temas de historia India, todo el mundo intenta tranquilizarme diciendo: igualmente aquí nadie se va a dar cuenta si lo haces mal. Pues ése es el problema, que aquí nadie se da cuenta cuando alguien lo hace mal, y no digo de mi gusto o no, digo mal. Cuando abunda además lo que no está suficientemente bien, o no está adecuadamente explicado o presentado, es malo para todos, porque luego no conseguimos ni subvenciones, ni entrar en programación de teatros, ni apoyo de ningún tipo, porque ya no se trata de mi reputación como artista, sino de la de todos los artistas de mi disciplina como comunidad. Claro que se puede innovar, sabiendo lo que se hace ¿y eso cuándo se sabe? Pues en la cuestión de las danzas clásicas indias es años, y eso no es porque lo digo yo porque me lo tenga muy creído, de lo que se me ha acusado alguna vez, sino que porque es así, sigamos un sistema tradicional de guru-shishya o estudiando en la universidad, porque para eso existen en India los títulos de Bachelor degree, Master degree, etc. En cualquier caso son años, y quien decide cuántos son suficientes será un buen maestro o una buena maestra. No lo decido yo, ni respecto a mí misma ni respecto a nadie. Así que obviamente cualquiera que no haya estudiado años de danzas indias no puede hacer fusiones con danzas indias, porque es imposible que se haya integrado correctamente porque son muy complejas.

  6. El ego. Ésta es la peor trampa de todas, en la vida en general. Sé que está muy de moda lo de empoderarse, ser una diosa, apoyarnos entre nosotras, etc. Es dificilísimo encontrar el equilibrio saludable entre la baja autoestima y la soberbia, y no es sano ni para nosotros ni para nuestro entorno ni un extremo, ni el otro, ni el ir alternando. Es muy difícil ser justo y es el núcleo de la mayoría de prácticas espirituales. Yo no soy nada y soy mucho. Siempre va a haber alguien mejor que tú, y eso es maravilloso porque siempre podrás disfrutar y admirar el arte de alguien. Siempre siempre hay cosas por aprender, y si hubieras aprendido todo lo que ya existe tendrías que aprender a crear, y a crear cada vez mejor. Cuando hago una fusión porque creo que el arte o los artes originales que mezclo no me dan las herramientas para expresar lo que yo tengo que contar, en primer lugar me tengo que asegurar de qué quiero contar, y que no sea simplemente adoptar una estética exótica. Y estudiar más, y ensayar más, y consultar a quien sabe más que yo. Cuando al acabar un taller, o ir un mes a clase, o dos, ya estoy pensando en qué puedo fusionar, es imposible que ya sepa lo suficiente ni lo haga lo suficientemente bien. La gran mayoría de las veces que veo fusiones de danza oriental o tribal con Odissi puedo distinguir qué steppings y coreografías han aprendido, porque se distinguen los pasos perfectamente. Eso no es una fusión, es meter un pegote.

  7. Me han acusado muchas veces de no querer enseñar o enseñar despacio aposta para no tener competencia. Creo que de las cosas feas que he oído es la que más me duele, porque me educaron en ayudar, y he procurado ayudar a quien he podido. Me ha costado muchos años no dejar que se aprovechen de mi ingenuidad y de lo que me cuesta decir que no, tengo muchísimos defectos pero no soy competitiva. También lo he dicho mil veces, bailar es bueno, y creo que si hubiera más bailarinas de danza india aquí ayudaría tanto a la gente de aquí como a la de allí, y Dios sabe que buena falta les hace. No me da miedo la competencia, quiero mucho a mis alumnas y espero que pronto tengamos un profesor mejor que yo y yo pueda dedicarme a otras cosas. Me encanta obviamente el trabajo de Akram Khan, me gusta mucho el de Ananya dance theatre, que tiene además mucho que ver con contar historias de los oprimidos, el de Shantala Shivalingappa, el trabajo de Raka Maitra con Chouk integrando el Odissi y el teatro contemporáneo, el de Sooraj Subramaniam… Otro ejemplo es mi antigua compañera Taissia Shpulnikova, que también experimenta con estructuras nuevas dentro del Odissi y ha empezado a hacer fusiones, es una gran bailarina clásica que ha estudiado más de quince años y es muy consciente de qué energías y símbolos integrar/mezclar y cuáles no. No es que no se pueda innovar o mezclar, es que hay que saber qué, cómo y por qué, porque si no puede ser cutre, irrespetuoso o incluso una parodia. Y si no puedo irme a estudiar porque mis circunstancias no me lo permiten, entonces tengo que hacerlo lo mejor que pueda con lo que sé, y si no sé lo suficiente para coreografiar pues no lo hago aún, porque la esencia del arte y de la práctica espiritual son la paciencia y la humildad. A veces hay que respirar y esperar.