Corrección postural en el Odissi

Nos da miedo lastimarnos las rodillas con algunas prácticas de danza como el Odissi, pero el mismo daño puede hacernos practicar yoga, pilates, ballet o contemporáneo si no se hace con conciencia y atención.

En realidad todo depende del alineamiento rodilla y pie/tobillo: lo ideal sería alinear la rodilla sobre el segundo dedo del pie correspondiente y todo lo que se alejen estos dos puntos implicará que estaremos forzando las articulaciones.

Lo más común es tener más flexibilidad de rotación del pie/tobillo que de rodilla porque no estamos acostumbrados a trabajar la rotación en dehors o hacia afuera del muslo desde caderas/ingles. Por tanto, la rodilla cae “hacia delante” por así decir, mientras que el pie queda más abierto. En ballet o en yoga es un alineamiento básico pero no siempre se explica bien, no se le da la suficiente importancia o el alumno a menudo no le presta suficiente atención.

Es preferible cerrar un poco el angulo de apertura de los pies en un primer momento para que se alineen correctamente a las rodillas y evitar que sufran (los tobillos también terminarán pasando factura), mientras se trabaja y se baila adquiriendo más fuerza en las piernas y en el centro del cuerpo (bajo abdomen): un cuerpo fuerte aguanta el esfuerzo de ejercitar el en dehors del muslo manteniendo la flexión de las rodillas (dificultad añadida en Odissi) y el propio cuerpo irá integrando este cambio de manera natural. Pero hasta entonces (y a posteriori también) el alumno debe prestar atención y ser consciente de cómo tiene el cuerpo, dónde tiene el peso del cuerpo, cómo están cayendo las rodillas, cómo de activos tienen los puentes de los pies (otro gran punto débil a menudo), etc.

Lo bueno del Odissi es que es una danza que se aprende de a poquito, con paciencia y perseverancia, y para la cual se requiere mucha concentración y atención, de manera que el alumno puede ir corrigiéndose permanentemente para no hacerse daño, mejorando su estilo y su danza así como su conciencia postural.

TEXTO DE NEREA ALCORTA