La competencia y la competición

Alguna vez he sido (o hemos sido) acusada de no querer enseñar o enseñar muy despacio para evitar tener competencia profesional. Creo que todas las bailarinas de Odissi europeas hemos desconfiado en alguna ocasión unas de otras. Y creo que es innecesario.

Me encantaría que hubiera más clases de Odissi. Me encantaría que hubiera más estudiantes de Odissi. Creo que la danza ayuda mucho a las personas en muchos aspectos, y el Odissi especialmente mejora la concentración, la coordinación y el control de las tensiones, entre otras muchas cosas. Es maravilloso que haya tantas escuelas de yoga en el mundo, aunque haya algunas malas escuelas y malos profesores en su expansión. Tanto en el yoga como en la danza india o en cualquier otra práctica es necesario controlar qué y cómo se enseña, por la dignidad y la reputación de la disciplina, por respeto a las culturas de las que provienen, por la salud de los estudiantes, por mejorar cada día y por honestidad. Ojalá hubiera tantas clases de buen Odissi que fuera accesible para todo aquel que quiera aprenderlo.

Si hubiera más estudiantes de Odissi en España, habría más recitales y festivales. Me encanta ver bailar. Cada día comprendo mejor y lo disfruto más. Si fuéramos más podríamos invitar a más profesores de India y compartir el trabajo y los gastos que conlleva, así que podríamos aprender más sin tener que viajar tan lejos e invertir tanto dinero. Si la gente conociera mejor las danzas indias, habría más público en las actuaciones, habría una mejor financiación y podríamos colaborar haciendo espectáculos grupales. Si fuéramos más bailarinas podríamos invertir en trabajar con músicos, podríamos enseñar y bailar con música en directo. Somos muy pocas las bailarinas de danzas clásicas indias en Europa, muchas nos conocemos entre nosotras. No creo que sea necesario trabajar con un enfoque competitivo o en modo supervivencia, ni desde el punto de vista ético ni desde el práctico, no trabajamos en un mercado saturado, sino en un mercado recién nacido. Creo sinceramente que deberíamos colaborar más, o como mínimo, si nuestras maneras de trabajar son difíciles de encajar, coexistir en el respeto.

En la escuela en la que pasé más tiempo se fomenta la competitividad. Para ciertas personas esa metodología funciona, porque querer ser el mejor de la clase te sirve de empuje, se practica más en el tiempo libre y el grupo avanza más rápido. No es mi estilo, ni el de muchas de mis compañeras. Crear un sistema competitivo implica que las personas inseguras o que no pueden practicar tanto en su tiempo libre por sus circunstancias se van a quedar atrás y se van a sentir mal, implica crear tensiones, y llevado a un extremo, lleva a la falta de cooperación e incluso a las zancadillas. Quizá sea muy naif por mi parte pero me gustaría que el arte se desarrollara desde el amor por la disciplina y por uno mismo.

Yo he tenido mucha suerte con mis alumnas y con mis compañeras. Echo especialmente de menos compartir clases y post-clases con Lara, Melinda, Maya, Anangamohini Devi Dasi y Dinoor. He tenido (y tengo) compañeras que me han ayudado cuando me he perdido o me he atrancado en secuencias, que me han consolado las dos mil veces que he querido dejar de bailar, que me han aguantado los llantos y las quejas… ¿Pero y si vinieran a mi ciudad a robarme las alumnas? Pues para empezar, esa expresión que he oído mucho y no me gusta nada, las alumnas no se roban. La gente decide con quién estudiar de acuerdo a con quién tiene afinidad, qué puntos fuertes tiene cada profesora y mil circunstancias personales. Creo que yo soy la profesora adecuada para ciertas personas, y no lo soy en absoluto para ciertas otras. Y eso no es ningún drama, ni hay que sentirse despreciado. En segundo lugar, podría coordinarme con mis compañeras para sustituirnos cuando fuera necesario, podríamos llegar a más público y a más lugares, hacer festivales más grandes, podríamos hacer duetos o composiciones grupales… No creo que haya un número exacto y cerrado de estudiantes de danza india ni que yo sea quién para decidir cómo debe repartirse.

Yo enseño despacio. Y procuro ir a clases con profesores y profesoras que enseñan despacio y bien. Voy a clases en las que no me hacen la pelota para que esté contenta y pague más clases y por más coreografías. Voy a clases en las que no me van a enviar a un bolo para el cual simplemente han solicitado “una extranjera” para exhibirme y obtener publicidad. Hasta hace muy poco yo no aprendí despacio, no fue bien y tuve que dar pasos atrás. Enseño despacio porque se aprende mejor y porque el Odissi es como es, y yo tampoco soy quién para modificarlo. Se dice una y mil veces pero una buena base son tus cimientos, y yo sólo puedo y quiero dar cimientos. Adoro a mis alumnas pacientes y humildes, si pudiéramos practicar más a menudo habrían aprendido más cosas, pero son muy honestas consigo mismas, y saben que aun yendo despacio han llegado ya muy lejos. Yo no enseño despacio para no tener competencia, ojalá seamos más compañeras, porque unas a otras nos animamos y nos empujamos. Hay que intentar ser mejor, no mejor que nadie. Gracias a todas mis alumnas y ex-alumnas, a mis compañeras de clase, a Eva por su apoyo infinito, a Laura que me pincha para que no me acomode, a Sonali por sus interesantísimas conversaciones, a Patricia que me trajo a mi mejor compañero, y a todas las bailarinas bonitas. La familia seguirá creciendo.