La edad de las bailarinas

El público general sabe, aunque no suele pararse a pensarlo, que los atletas y los bailarines tienen una carrera profesional bastante corta. Los atletas suelen convertirse en entrenadores, los bailarines en profesores o directores. Afortunadamente en las últimas décadas la vida profesional de los bailarines de ballet se está alargando, y en ocasiones haciéndolo con el cambio hacia la danza contemporánea (podéis leer más en este artículo).

Es cierto que el cuerpo da su máximo rendimiento entre los 20 y 30 años, pero los bailarines no somos atletas, en el arte no podemos medirlo todo. Todos vivimos en un cuerpo que se irá gastando y que a veces se lesionará. Obviamente cuidar de él es nuestra responsabilidad ante nosotros mismos, pero una vez aceptamos el paso del tiempo y el desgaste que se va a producir, lo mejor que podemos hacer es aprovecharlo. Las bailarinas occidentales de danza india rara vez comenzamos a estudiar en la infancia, con lo cual cuando llegamos a India tenemos el nivel que tienen muchas niñas-adolescentes. Ante eso hay dos opciones, enfadarte con las circunstancias porque no puedes alcanzar a quien tiene más años o incluso décadas de experiencia, o relajarte, entender que no vas a ser la mejor, y que si lo que querías era ser la mejor deberías probar con algo más fácil y de menor profundidad artística y/o espiritual. No eres la historia, eres un narrador.

Afortunadamente en el caso de las danzas clásicas indias el repertorio y la gran importancia de las piezas teatrales y los dance-drama permiten desarrollar una carrera hasta muy avanzada edad. Dakshina Vaidyanathan, gran bailarina de Bharatanatyam, me dijo una vez que estaba obligada a tener muy buena técnica porque aún era muy joven, y sabía que el abhinaya, la expresión, se desarrollaría con los años, y ahora era el momento de entrenar lo más posible. El mejor planteamiento es el de entender que la juventud nos permitirá tener una mejor técnica, la madurez nos dará una mejor expresión, y habrá un tiempo en que ambas se complementen a igual nivel. Otra buena amiga, Akane Hoshino, preciosa bailarina de Odissi, me dijo en el vestuario tras haber bailado maravillosamente “creo que lo he hecho bien para el punto en el que me encuentro, lo he hecho lo mejor que podía hacerlo hoy, espero hacerlo mejor en el futuro. Hoy estoy satisfecha”. Nuestra ofrenda es efímera, tenemos que intentar ofrecer cada día lo mejor que podamos ser/crear/transmitir. Hay que exigirse siempre al máximo respecto al presente, a las capacidades, experiencias y circunstancias de este momento, no respecto a las pasadas o a la posible situación futura.

En una ocasión vi bailar a Leela Samson, y aunque ya había cumplido los 61 me fascinó con sólo caminar hacia el centro del escenario. La experiencia y la personalidad te dan un carisma  en escena que es imposible de describir y reproducir ¿cómo lo ha hecho? En todos los estilos hay bailarinas que capturan al público con la espectacularidad, con los saltos… Ser capaz de cautivar con el movimiento de una ceja es increíble. Madhavi Mudgal sigue bailando a los 65, me encanta el carácter y la presencia de Sonal Mansingh en este vídeo a los 67 y hay otras grandes bailarinas de su generación que siguen enseñando, coreografiando y subiéndose a los escenarios. Los intérpretes jóvenes suelen elegir piezas técnicamente muy fuertes para los recitales para demostrar todo el trabajo de su entrenamiento. La técnica son tus cimientos, y te dan tu primera seguridad como artista, no sé si emocionaré a alguien pero sé que esta postura es exactamente así. Y desde ahí empezamos a construir. Las bailarinas maduras van remplazando cada vez más tiempo técnico por tiempo teatral en los recitales. Debe ser realmente bonito bailar cuando ya no tienes nada que demostrar.

Como bailarina, aceptar que el cuerpo envejece y falla sólo nos hace tener más presente lo que en realidad vivimos todos y todo, el mayor quebradero de cabeza de la filosofía y de la poesía: el tiempo. Todo envejece. Y envejecer es, en realidad, una gran victoria.

Guruji victorioso, bailando y emocionando, no a pesar de la edad, gracias a su edad.