Rasikas

La finalidad del arte clásico no ha sido nunca el mero entretenimiento. La experiencia del arte clásico es individual, requiere un alto grado de atención y la posesión de unos ciertos conocimientos para su comprensión y apreciación. El arte popular es accesible y social, es participativo. El arte clásico es introspectivo. Y no se trata de categorías jerarquizadas, se trata de aspectos diferentes de la vida. Todo tiene su momento.

Cuando los británicos llegaron a La India su juicio sobre el arte que encontraron fue terrible: monstruoso. Carecían de los conocimientos necesarios para entender su belleza e intensidad. Es igualmente difícil de comprender para quien proviene de otro contexto cultural y no sabe qué es un centauro por qué en los relieves del Partenón de Atenas, el mayor hito del arte clásico europeo, hay unos monstruos medio caballos medio humanos. Tenemos que reconocer con humildad que, siendo nuestra cultura una muy diferente, debemos aproximarnos al arte de otras regiones progresivamente y con ayuda.

Sin ningún conocimiento previo sobre las danzas clásicas indias lo que podemos percibir de la primera representación a la que asistimos se queda en la superficie: el colorido del vestuario, el maquillaje, que se gesticula mucho, las manos… Sucede lo mismo respecto a la música, la música clásica india nos parece simplemente el hilo musical de las clases de yoga o meditación. Es necesario aprender para disfrutar capa a capa.

La idea india de lo que se traduce por “experiencia estética” es compleja. La teoría del rasa, traducido usualmente por “placer estético” se encuentra descrita en el Natyasastra. Esta cuestión ha sido objeto de numerosos estudios e interesantes reflexiones, así que únicamente recuerdo que expone que la finalidad de las artes escénicas indias es la conexión con la divinidad a través de las emociones. Aunque hay variantes entre textos y escuelas, lo que sí tiene en común siempre el término rasa y rasika es que se relacionan con un público con conocimiento, “capacitado”.

Cuando, como público, estamos concentrando nuestra atención en el “cómo” en lugar de en el “qué”, no estamos conectando ni con el artista, ni con el arte, ni con la divinidad, el Universo o la filosofía, sea como sea que cada uno lo entienda. En Occidente estamos especialmente acostumbrados al corto plazo, a los cursos de fin de semana, los capítulos de series de televisión y a mirar el móvil cada diez minutos. Recordemos que en La India las películas suelen durar tres horas o los partidos de cricket un día entero, están entrenados desde pequeños a mantener la concentración durante más tiempo. Y digo entrenados porque la concentración se entrena, la capacidad de estudio, la disciplina, todo se aprende y se integra.

Cuando era arqueóloga me costaba apreciar la belleza de las construcciones antiguas porque mi mente se escapaba a leer sucesos: qué se había derrumbado, cómo se habían abierto y cerrado puertas o ventanas… A veces como intérpretes y profesoras la mente se nos desvía al cómo y parece que estamos examinando a otro artista en vez de disfrutar de la experiencia. Reconozco que a veces me despisto en los recitales y tengo que volver a concentrarme en el presente y en lo que estoy viendo. Con los años de estudio he ido adquiriendo sin darme cuenta más capacidad de entender, y ésta a su vez ha traído un disfrute mucho mayor. Adoro ver bailar.

Espero ser cada vez una mejor rasika. De este término toma el título la web para la difusión del estudio teórico sobre el Odissi www.globalrasika.com que dirige Sonali Mishra, con la que colaboraré en el próximo número.

Esta primavera entrenaré mi cuerpo para fortalecerlo, también me tomo un tiempo para leer cada vez más, de aforismos a poemas, de cuentos a novelas. Y lo mismo con la danza, de los movimientos de los dedos a los saltos, de khandis a pallavis, de ver piezas cortas a recitales largos… Exprimamos el cuerpo, el cerebro y el corazón, hagamos, pensemos y sintamos más y mejor.