Odisha

Odisha (anteriormente Orissa) está al otro lado del planeta. En todos los sentidos. Cada vez que voy o vuelvo el contraste tan grande entre mi vida aquí y allí hace que no parezca la misma. Ni la vida, ni yo.

Hay detalles que olvido y adoro redescubrir. El color imposible de definir de los templos, las gallinas paseando por el barrio, las montañas de cocos verdes en las esquinas, el viento… Echo mucho de menos el viento. Las sonrisas no las olvido.

Odisha es una región enorme, con una población muy cercana a la de España, con formas de vida distintas. La costa, el interior rural y las montañas tribales hacen que sea más correcto imaginarla como tres países en uno. Lo que más respeto es que hayan sido conservadores con su cultura. Lo que más odio es que sean conservadores en su sociedad. Es fácil acostumbrarse al saree y al tráfico, posible acostumbrarse a la comida, a la humedad, incluso a que nunca cumplan los plazos. Es imposible acostumbrarse a la falta de libertad y a las formalidades.

He oído mil veces cómo algo no podía hacerse porque “la sociedad oriya no lo tolera”. También he visto en muchas ocasiones cómo por prevención nos exigimos más de lo que la sociedad espera. Se produce ahora mismo un choque generacional del que en buena parte se culpa a Occidente. Los jóvenes quieren vestir distinto, viajar, tener pareja, etc. como sucedió en Europa hace unas décadas, y buena parte de la sociedad lo considera un problema, una invasión y una ruptura con sus tradiciones. Espero que poco a poco entendamos que cultura y sociedad son dos mundos, que dar libertad a sus jóvenes (especialmente a ellas) los hará más fuertes. Que por aprender inglés no van a olvidar el odia, que no se subestimen. Ojalá acepten mejor la diversidad.

Odisha es tierra de mangos, de anacardos, de curry de gambas, tierra de palmeras que bailan al viento, de libélulas, de los atardeceres más bonitos del mundo, tierra de playas infinitas, de olas sonoras, de arrozales brillantes, tierra de diosas solemnes y de dioses sonrientes, donde despertarse con el sonido de las caracolas.

Adoro que en Odisha haya tantas escuelas de danza, que tanta gente sepa cantar y cante, que todos los días haya actuaciones gratuitas de danza, música o teatro, que Jagannath esté en todas las casas y en todas las calles. Me encanta que la gente se siga bañando y aseando en las piscinas de templos antiguos. Soy la mayor fan de las señoras tatuadas, llenas de pendientes y con el saree remangado.

Siempre estaré agradecida a quienes que me abrieron las puertas con confianza, a quienes siguen intentando enseñarme una y otra vez las mismas palabras. Gracias al chico de la zumería, que como no habla inglés siempre me ha hablado con gestos y sonrisas. Gracias a los que no se rieron mientras aprendía a comer con las manos, y gracias a los que sí lo hicieron.