Lealtad

El Mahabharata nos relata la historia del arquero Ekalavya, que solicitó al maestro Drona ser instruído en el arte de la guerra y fue rechazado por no ser un príncipe kshatriya. Ekalavya hizo una escultura de arcilla con la tierra que Drona había pisado con la forma de éste, decidió adorarla como si fuera el maestro mismo y se entrenó duramente durante años hasta convertirse en un gran arquero. Se dio la situación de descubrirse que Ekalavya era mejor arquero que Arjuna, discípulo de Drona y a quien éste había prometido convertirle en el mejor de todos. Dado que a pesar de haber sido rechazado, Ekalavya se había entrenado en soledad considerándose a sí mismo discípulo de Drona, éste le solicitó el pago de su guru dakshina (ofrenda al maestro). Y lo que exigió fue que Ekalavya se cortara el pulgar de su mano derecha, lo cual le inhabilitaría como arquero. Ekalavya se lo cortó.

Esta historia ejemplifica en toda India el pacto de lealtad que une a discípulo y maestro, sirviendo de justificación para quienes defienden un modelo de obediencia ciega. Por esta misma razón muchos pensadores se posicionan en contra de ensalzar su figura. 

Yo he tenido que escuchar esta historia cuando se me exigía una lealtad sin preguntas y sin quejas. ¿Pero no debería esa lealtad ser de doble sentido? Si un estudiante debe cumplir una serie de normas, por respeto a su maestro/a y por su propio aprendizaje ¿no debe también un/a maestro/a cumplir con la figura del maestro/a?

Hay muchos profesores y profesoras de Odissi (y estoy segura que en muchas otras disciplinas artísticas) que exigen a sus estudiantes no aprender de ninguna otra persona ni otras danzas. Yo estoy de acuerdo en que tener una formación caótica es contraproducente, y que para avanzar en un estudio es necesario centrarse y dedicar mucho tiempo. Es cierto también que cada intérprete tiene un estilo, unos gustos particulares y una forma de explicarse, y tener muchos/as profesores/as haciendo correcciones distintas es confuso y retrasa tu avance. Pero también es cierto que todos y todas tenemos distintos puntos fuertes, y que estudiar con otros/as profesores/as muchas veces enriquece y como mínimo ayuda a comprender otras expresiones. ¿Dónde está el equilibrio? Personalmente creo que para avanzar de forma más efectiva es siempre preferible tener un maestro o maestra que diriga tu formación, que tenga un plan adaptado a tus capacidades y circunstancias, y enriquecer ese plan con otros talleres o clases, pero sin dejar que interfiera. ¿Tiene que darte permiso tu profesor/a? Yo no creo en los permisos. Creo en compartir la información y aconsejar y que cada uno decida. También yo tomo decisiones como profesora. He tenido la suerte de estudiar en distintas universidades y haber aprendido de muchos profesores y profesoras maravillosos, con diferentes enfoques de la investigación y de la enseñanza. También he tenido muchas profesoras de danza, malas, buenas y mejores, y espero seguir aprendiendo de grandes profesionales con distintos puntos fuertes para reforzar mis flaquezas. También espero que podamos seguir invitando a otras profesoras, ojalá podamos aprender más y mejor apoyándonos todos y todas, con la mente un poco más abierta.