El ego y el marketing

Últimamente he tenido interesantes conversaciones con artistas de distintas disciplinas sobre cómo vender nuestro trabajo sin vender nuestra alma. Es muy difícil encontrar el equilibrio entre permanecer escondido y malcriar nuestro ego. El paso de estudiante a profesional de las artes es muy complicado, no sólo por cuestiones prácticas, también por cuestiones personales: ¿soy lo suficientemente bueno/a?

La tradición de las danzas clásicas indias facilitan este dilema: sabes que estás preparado/a cuando tu maestro/a, en cuya experiencia confiamos, te dice que lo estás. Solo que nunca van a detenerse las correcciones y las críticas, y entonces revisas diez veces cada foto para asegurarte que cada detalle es correcto, y nunca cuelgas un vídeo porque jamás, jamás va a ser una interpretación perfecta, ¿pero es que tiene que ser perfecta?

Tengo varias amigas bailarinas que acostumbran a anunciar sus eventos con fotos suyas de espaldas por timidez. Conozco también muchísimas bailarinas que redactan sus curriculums incluyendo valoraciones subjetivas tremendamente exageradas, o que se acercan mucho a ser relatos de fantasía. Tenemos que encontrar una forma de dar a conocer a nuestro trabajo de forma honesta.

Cuando estudiaba arqueología de Asia meridional en la universidad me enseñaron la oposición entre el arte clásico griego, en el que la autoría era de vital importancia, y el arte clásico indio, en el que carece absolutamente de ella. Entiendo que debo ser un medio para encarnar la belleza del Odissi lo mejor que pueda y con la mayor dignidad posible (haya un público o no, lo cual me hace pensar en el célebre refrán sobre si un árbol hace ruido al caer si no hay nadie para escucharlo). Yo soy una herramienta para el Odissi, no el Odissi una herramienta para mostrarme a mí.

El ego de los demás y el mio propio me ha hecho mucho daño en mi experiencia en la danza. Intentemos ser justos: valorar nuestro trabajo con la humildad de quien comprende que somos un granito de arena en una montaña. Nos precede una tradición milenaria.

Dicho así tan bonito llega el momento de ¿cuántas fotos de mí mismo/a hacen demasiadas fotos? ¿cuántos vídeos hacen demasiados vídeos? ¿puedo asegurar que mis clases o actuaciones van a ser una experiencia maravillosa? Mi maestra solía decir que hay que trabajar muy duro, ser la mejor y esperar, y consideraba humillante enviar curriculums y solicitar actuaciones. Definitivamente es cierto que hay que trabajar, y si tu objetivo con el arte es el arte en sí mismo, todo perfecto, pero profesionalizar la vida artística implica compartir ese trabajo. Sólo eso, sencillo: me llamo Fátima, estudio y enseño Odissi, que es el amor de mi vida. Tengo mucho que aprender. Y esto es lo que he aprendido hasta ahora.

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