Foreigner

Los niños y niñas de mi barrio en Bhubaneswar nos señalaban con el dedo y a veces nos perseguían gritando “foreigner! foreigner!”. Cuando vivía en Italia me llamaron extranjera una vez, y resonó en mi cabeza durante días. Sería imposible contar cuántas veces me lo han llamado en India.

La cuestión de cuánto pesa la nacionalidad en el Odissi es mucho más importante de lo que nunca pensé. Queda perfectamente reflejada en el siguiente artículo de Sanatani Rombola, bailarina profesional de Odissi de origen italiano pero criada en Odisha:

http://globalrasika.com/2014/04/28/odissi-questions-an-odia-heart/

La Compañía Nacional de Danza de España no sólo ha contado en su trayectoria con la dirección y las coreografías de artistas no españoles, sino que echando un vistazo a su elenco actual de bailarines se aprecia una increíble variedad de nacionalidades (http://cndanza.mcu.es/index.php/es/la-compania/elenco-es). Y no hay nada que decir respecto a ello. Las compañías de danza clásica y contemporánea en todo el mundo integran intérpretes de todos los orígenes. El pasaporte de un artista no es digno de atención. En India, desgraciadamente, la etiqueta foreigner está presente el 100% de las ocasiones.

Sharon Lowen e Ileana Citaristi son dos maravillosas gurus de Odissi que han desarrollado su trabajo artístico en India durante décadas, y a pesar de ello desde la prensa hasta los corrillos del público en los recitales hacen énfasis siempre en que tiene mucho mérito lo que han logrado “a pesar de ser extranjeras” o expresiones semejantes.

¿Es un bailarín o un músico indio mejor que uno que no lo sea? Hay talento artístico en todas partes, los grandes artistas surgen del trabajo. Es siempre una cuestión de experiencia. Me frustra y duele haber tenido que escuchar expresiones como “las bailarinas extranjeras tienen mala expresión”, “lo ha hecho bien para ser extranjera” o “las mujeres blancas no os sabéis mover como las mujeres de Odisha”, sin darnos la oportunidad de aprender. Todo el mundo mejora en su disciplina a través de la práctica, desde el panadero hasta el violinista. Obviamente quien ha comenzado a practicar en la infancia y no ha dejado de hacerlo nos lleva una gran ventaja a quienes comenzamos siendo adultos, pero eso se remedia con más estudio.

Hace dos años mi maestra me insistió en que fuera a Odisha en diciembre para la festival season. No entendía por qué gastar tanto dinero y tiempo si ella iba a estar demasiado ocupada y realmente iba a aprender muy poco. Ella dijo que quería que viera actuaciones, las buenas y las malas, porque las había muy malas. En esa ocasión un miembro del jurado del festival internacional de Odissi (el más importante de nuestro estilo) nos dijo que “había pocas extranjeras programadas porque no había tantas extranjeras que fueran buenas bailarinas”. En ese festival hubo muy buenas actuaciones por parte de intérpretes indios/as, pero también muy malas. A las bailarinas que no son indias se les suele dar horarios buenos porque atraen público, pero también son siempre juzgadas con mucha más dureza. Muchos organizadores solicitan bailarinas extranjeras (y no suelen pagar por las actuaciones, porque se supone que es un honor poder bailar en India y mejorar tu curriculum). Ojalá llegue pronto el día en que los organizadores soliciten buenos/as intérpretes, y no pregunten por su nacionalidad porque ésa no es la cuestión.

Y esto sucede en India, entre el paternalismo de observarnos con dulzura, digamos un “míralas qué monas haciendo de bailarinas indias”, y el desprecio de nuestras capacidades, y sucede en Europa también. Tanto las instituciones como el público confían casi siempre más en un/a profesor/a o intérprete de nacionalidad india que en uno europeo, porque la “indianidad” les da confianza. Y se da el caso de que en Europa hay intérpretes indios/as tanto buenos como malos, igual que en todas partes, en todas las artes. Hay artistas maravillosos, pero también los hay a los que les falta experiencia, a los que les sobra soberbia, de curriculums exagerados, que modifican su disciplina para hacerla más comercial hasta el punto de perder su esencia…

Soy bailarina de danza india. Y soy española. De alguna forma la práctica debería integrar ambas cosas dando matices a mi expresión, pero me niego a ser juzgada como artista por mi nacionalidad, lo cual es otra forma de discriminación.

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